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Domingo 10 de Julio de 2011
Hace 15 años, el ecuatoriano Víctor Hugo Espín cursaba su maestría en Genética Médica en la Universidad de Glasgow, en Escocia. Durante su estadía en esa ciudad, este genetista presenció el revuelo que desató la noticia de la clonación de la oveja Dolly que tuvo lugar en Escocia.
Espín, hoy director del Laboratorio de Genética del Hospital Carlos Andrade Marín, recuerda que al día siguiente de la publicación del artículo de la clonación de la oveja Dolly en la revista Nature, se iniciaron en Gran Bretaña una serie de debates y discusiones científicas.
Estas giraban alrededor de las implicaciones biológicas y éticas sobre la posibilidad de crear seres vivos a partir de una célula adulta. Lo que más le sorprendió fue que aparentemente en Ecuador la noticia había producido mayor impacto y conmoción como en Escocia. Sin embargo, varios días después recibió una gran cantidad de correos de amigos y allegados que deseaban saber de todo acerca de la clonación. “Incluso leí en un periódico de Ecuador que decía: “Ahora los bebés ya no van a venir de París, sino de Escocia”.
Espín dice que pese a la polémicas ética que rodeó al fenómeno de la clonación de Dolly, su nacimiento dio impulso a la investigación de la clonación con fines terapéuticos. La clonación terapéutica busca obtener tejidos y órganos aptos para ser trasplantados sin que sufran rechazo. No significa crear nuevos seres humanos.Los científicos esperan que la clonación sirva en el futuro para obtener una fuente ilimitada de células jóvenes con las que se podrá cultivar toda clase de tejidos e, incluso, órganos completos en el laboratorio. Muchas enfermedades degenerativas como el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes o los trastornos cardiovasculares se podrán combatir de una forma eficaz con técnicas de clonación terapéutica. A partir del nacimiento de esta oveja, los centros de investigación iniciaron también la clonación de animales.
Las investigaciones avanzaron tanto que ya se fabrican medicamentos a partir de la leche de animales clonados. También existen medicamentos aprobados en el mercado europeo que fueron tratados a partir de leche de mamíferos transgénicos. En el continente asiático, hay varios grupos de investigación que orientan sus esfuerzos al desarrollo de una vaca transgénica que fabrique proteínas que podrían usarse en terapias contra enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide. En una ocasión, Ian Wilmut, el ‘padre’científico deDolly y sus sucesoras Polly y Molly, precisó que, en el futuro, el mamífero ideal para fabricar proteínas humanas podría ser la vaca.
Para Wilmut estas investigaciones tienen todavía que desarrollarse más. Por el aniversario de la oveja Dolly, el científico dijo que aunque el nacimiento de Dolly permitió la aparición de nuevos campos de estudio, también avivó el debate sobre la clonación humana. Hace algunos años, el polémico médico italiano Severino Antinori sorprendió al mundo al anunciar que había clonado humanos y que residían en algún lugar de Europa. Antinori no fue el único que hizo este anuncio. En el 2002, Clonaid, una compañía vinculada a una secta, anunció el nacimiento del primer ser humano clonado: una niña llamada Eva. Hoy en día, científicos, a escala mundial, se oponen a la clonación humana. Dicen que no se pueden saber las consecuencias de la clonación de personas.
Actualmente, Dolly descansa en el Museo de Edimburgo, en Escocia. Murió siete años después de nacer y aunque se han clonado cientos de animales después de ella, Wilmut sabe que su clonación marcó un hito, al obligar a repensar la forma de hacer ciencia. "Nos acostumbrados a pensar que una vez que el funcionamiento de una célula evolucionaba al punto de formar un tejido específico, no se podía cambiar".
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